jueves, 31 de marzo de 2016

Ateroides

El espacio comprendido entre la órbita de Marte y la de Júpiter–unos 600 millones de kilómetros– está ocupado por una gran cantidad de pequeños y toscos fragmentos de rocas o metales, los que en conjunto apenas totalizan el 5 % del volumen de la Luna. El primero de estos asteroides fue descubierto en la primera noche del siglo XIX, por el astrónomo italiano Giuseppe Piazzi, quien lo observó durante 41 noches seguidas, y después lo perdió de vista en el crepúsculo cuando se desplazaba hacia el área del Sol en el cielo. Todos los astrónomos de Europa investigaron en vano para volver a encontrarlo. Pero el genio matemático de la época, Kral Fiedrich Gaus, estimulado por su debilidad para resolver los problemas de aritmética astronómica, abandonó todos sus trabajos, convirtiéndose temporeramente en una máquina de calcular, y con los escasos datos de las observaciones de Piazzi, reconstruyó la órbita del asteroide perdido. Cuando terminó sus cálculos, indicó a los astrónomos en qué punto del cielo debían dirigir sus telescopios. Así lo hicieron, y con certeza hallaron al vagabundo perdido. Piazzi denominó al asteroide con el nombre de Ceres, y posteriores observaciones lo identificaron como un abrupto fragmento de roca, de unos 100 kilómetros de diámetro, con una superficie aproximada de 1.500.000 kilómetros cuadrados, orbitando en el espacio.


Ceres no sólo fue el primer asteroide descubierto, sino también el más grande de cuantos se conocen. Otros asteroides se descubrieron posteriormente. Pallas tiene 600 kilómetros de diámetro, y fue descubierto en 1802; Juno, de 250 kilómetros, en 1804; Vesta, de 500 kilómetros, en 1807. Actualmente se considera que existen más de 30.000 asteroides de tamaño mediano, que varían desde el sustancial Ceres, hasta otros más pequeños, como Ícaro, que apenas tiene un kilómetro y medio de diámetro. El número de los asteroides aún más pequeños, de tamaño de canto rodado o guijarros, o simples granos de arena, se estima en billones. Solamente unos 1.600 asteroides han sido estudiados con suficiente atención, como para poder determinar su órbita precisa y su futuro paradero.

Todos los 1.600 asteroides a los cuales se les ha seguido la pista circulan alrededor del Sol en la misma dirección–oeste a este– que la tierra y demás planetas. Como la mayoría de los asteroides se desplazan en una ancha banda entre el pequeño planeta Marte y el enorme Júpiter, es este último el que gobierna sus movimientos.

Júpiter ejerce una tiránica atracción en su vecindad, de modo que ciertos asteroides, conocidos como troyanos por llevar nombre de héroes homéricos, se mantienen esclavos de Júpiter, de manera que parecen verdaderos satélites. Estos asteroides siguen la trayectoria de Júpiter alrededor del Sol, con gran precisión: un grupo de cinco, llamado Patroclo, permanece respetuosos un sexto de la órbita detrás, mientras que otro grupo de nueve, llamados Aquiles, siguen delante del gran planeta.

Antes que los asteroides troyanos fueran descubiertos, el perito francés en las ciencias mecánicas, Joseph Louis Lagrange(1736-1813), demostró matemáticamente que cada planeta podía tener, precediéndolo o siguiéndolo en órbita, dos puntos gravitacionales de equilibrio, donde los cuerpos podrían estabilizarse. Cada uno de estos puntos sería el tercer ángulo de un triángulo equilátero formado por las líneas que unen los puntos indicados, el planeta y el Sol. Los asteroides troyanos se agrupan en torno de los puntos lagrangeanos de Júpiter.


La predominancia de Júpiter a veces arranca asteroides de sus órbitas, y los envía en una serie de viajes orbitales hacia el Sol, o hacia los planetas exteriores. 

Júpiter



Júpiter Más allá del cinturón de asteroides se halla Júpiter, el coloso de nuestro Sistema Solar, el cual constituye uno de los más brillantes luceros que engalanan nuestras noches. Su diámetro, medido en el ecuador, tiene cerca de 150.000 kilómetros, once veces mayor que el de la Tierra, y su volumen equivale a unas 1.300 veces el de nuestro planeta. Presenta gran achatamiento, debido a la gran velocidad de su rotación, pues tarda solamente diez horas en dar la vuelta alrededor de su eje. Tarda unos doce años en describir su órbita en torno al Sol, y su distancia de éste es de 778.000.000 de kilómetros, o sea, casi cinco veces mayor al de la Tierra al mismo luminar, por lo cual recibe 27 veces menos calor y luz que nosotros. A pesar de esto, no se ha formado en Júpiter aún la corteza sólida, y su superficie presenta unas bandas paralelas a su ecuador, de aspecto nebuloso y mal definido. Hay, sin embargo, un detalle muy marcado, la mancha roja, situada en el hemisferio austral, y que podría ser el germen de un continente en formación. Tiene una atmósfera muy densa, compuesta principalmente por gases, como el hidrógeno, y otros venenosos como el amoníaco y metano. Estos gases se arremolinan en torno al planeta en turbulentas bandas de nubes de muchos miles de millas de profundidad.


Diámetro ecuatorial:
 143.200 Km  
Distancia media al Sol:
 778.300.000 Km  
Período de Translación (año): 
 11.86 años terrestres  
Período de Rotación (día):
 9 horas 55 minutos  
Inclinación de su órbita respecto de la eclíptica:
 1° 18'
Inclinación de su eje de rotación respecto del eje eclíptico:
 3° 5'  
Excentricidad de su órbita:
 0,048  
Principales componentes atmosféricos: 
 hidrógeno y helio  
Temperatura superficial:
 -146° C en las nubes superiores  
Gravedad: 
 2,87 G (1 G = 9,8 m/s2)  
Satélites (16)
Metis, Adrastea, Amaltea, Tebe, Io, Europa, Ganímedes, Calisto, Leda, Himalia, Lisitea, Elara, Ananke, Carmen, Pasifae y Sínope.
Anillos:
 posee uno fino que le rodea.


 Júpiter tiene dieciséis satélites: Metis, Adrastea, Amaltea, Tebe, Io, Europa, Ganímedes, Calisto, Leda, Himalia, Lisitea, Elara, Ananke, Carmen, Pasifae y Sínope. Los cuatro más brillantes, entre estas lunas, son: Ío, Europa, Ganímedes y Calisto. El satélite Ganímedes es mayor que Mercurio, Calisto más grande que la Luna, y Europa es una quinta parte del tamaño de la Tierra. Los dos pequeños satélites más alejados de Júpiter son excepciones a la regla que rige las direcciones en que planetas y satélites describen sus órbitas, pues sus movimientos son retrógrados, o sea, de sentido contrario al de los demás satélites y al del mismo planeta. Atmósfera: La atmósfera del gigante Júpiter ocupa los 1.000 kilómetros exteriores. Está compuesta principalmente por hidrógeno y helio, aunque también contiene metano y amoníaco. Los gases se disponen en bandas paralelas respecto de su ecuador; las brillantes se llaman fajas y las oscuras cinturones. En las fajas hay nubes con cristales de hielo de amoníaco, con gran poder reverberante frente a la luz del Sol. En los cinturones, en cambio, abundan compuestos sulfurosos. El rasgo distintivo en la atmósfera es la Gran Mancha Roja, un huracán descubierto por Galileo Galilei a principios del siglo XVII, cuyo color se debe a la presencia de nitrilo. El tamaño equivale al de dos planetas como el nuestro y su antigüedad se calcula en un millón de años.